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Que dirá el Santo Padre que vive en Roma … Cristina candidata ??

En su pagina "El cohete a la luna" el periodista Horacio Verbitsky se refirió a la posibilidad de que Cristina sea candidata en el 2019 con el apoyo del Papa Francisco . Lee la nota con su analisis. 
  • 25 julio, 2018
Papa-Francisco-y-Cristina

La palabra justa

por Horacio Verbistky

En los últimos días abundaron las reuniones políticas con vistas a 2019. Fue el senador opoficialista Miguel Pichetto quien eligió la Tribuna de Doctrina del diario La Nación para anunciar la candidatura presidencial de CFK, no como promoción sino a modo de advertencia. Pichetto pertenece a un sector que preferiría la reelección de Macrì antes que el regreso de Cristina, pero el desinfle del gobierno aleja esa posibilidad y atiza sus miedos. Principal operador legislativo de Cambiemos, llegó a fantasear con su propia candidatura, lo cual muestra que el pánico es el peor consejero.

El presidente del justicialismo bonaerense, Gustavo Menéndez, admitió haberle sugerido a Vidal que aún estaba a tiempo para desmarcarse de Macrì y probar suerte el año que viene. Pero negó haberle dicho que los intendentes del FpV podrían acompañarla, como ella hizo decir en Clarín.

El diálogo tuvo lugar a bordo de un auto en movimiento por las calles de Morón, que es la forma en que Vidal sostiene sus encuentros más reservados, a prueba de intercepciones, o al menos es lo que ella cree. Todas las combinaciones ideadas en el vasto universo panperonista chocan con el hecho de que nadie se acerca ni de lejos al atractivo electoral de la ex presidente. Todos los aspirantes a jubilarla se hundieron en 2017. Randazzo apenas pasó del 5%; Massa perdió en su bastión de Tigre; Juan Schiaretti cayó en Córdoba aunque esta vez fiscalizó la elección; Urtubey salió tercero en la provincia que gobierna desde hace seis años.

La última ilusión de ese sector es el ex candidato radical a la presidencia Roberto Lavagna, quien ha hecho saber desde su cabaña en el oeste bonaerense que estaría dispuesto a desconectarse de Netflix para completar el mandato de Macrì y postularse para un solo periodo en 2019. En cambio el gobierno imagina que polarizar con Cristina es su mejor opción, pero la estrategia kirchnerista lo desconcierta.

La idea de que Cristina no habla, que por eso ha recuperado simpatías y que a Cambiemos le convendría forzarla a romper el silencio es un mito confortante para el oficialismo. El 25 de mayo CFK cuestionó el regreso al FMI, con un documento muy elaborado en el que cotejó el estado de la economía, la política y la sociedad, bajo el gobierno de Néstor Kirchner y el actual.  El 29 reclamó que se quitara del memorándum de entendimiento con el FMI que los recursos del sistema previsional hayan sido “incautados” y presentó un proyecto de ley para que se suprimiera esa afirmación tan falsa como peligrosa; el 30 impugnó desde el Senado el último tarifazo, de acuerdo con un proyecto de ley propio, que aprobaron ambas cámaras y Macrì vetó. Cuando el Presidente aconsejó a los peronistas de PRO que no siguieran las locuras de Cristina, lo fulminó en pocas y precisas líneas que recorrieron el mundo: “Llamar loca a una mujer. Típico de machirulo”.

El 14 de junio anunció que ella y todo el bloque de Senadores que integra apoyaría la derogación del aborto clandestino, oneroso y de riesgo. También denunció que Juan Martín Monge, el titular del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES, que el gobierno se propone liquidar, fue CEO de Metlife, empresa que demandó a la Argentina ante el CIADI por la recuperación del sistema jubilatorio (lo que el gobierno llama incautación). El 5 de julio dijo que a la detención de Lula en Brasil se suma el pedido de detención de Rafael Correa, como parte de un plan en ejecución, denominado Lawfare o guerra judicial, para “perseguir y proscribir a los líderes populares” en América Latina.

Es decir, se pronunció sobre los temas de fondo que padece el país. Lo que no hizo es sumarse al pelotudeo de declaraciones insustanciales sobre combinaciones electorales, candidaturas y otros asuntos menores que entretienen al gobierno y al opoficialismo de los Pichetto, los Bossio y los Urtubey. En cambio dedicó ese tiempo a reuniones con representantes de Lula, cuya libertad reclama; de los sindicatos que rechazan las medidas de ajuste y del Papa Bergoglio.

 

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